Hace un tiempo me reuní con la dueña de una empresa de alimentos. Doce trabajadoras. Quince años en el mercado. Proveedora del Estado hace una década.
Me mostró su carpeta de licitaciones ganadas, perdidas, en curso. Me explicó su negocio con una claridad que pocas personas tienen sobre lo que hacen y por qué lo hacen bien. Al final de la conversación me preguntó algo que no me esperaba: ¿𝙔 𝙚𝙨𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙢𝙥𝙡𝙞𝙖𝙣𝙘𝙚 𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙣𝙤𝙨𝙤𝙩𝙧𝙤𝙨 𝙤 𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙡𝙖𝙨 𝙚𝙢𝙥𝙧𝙚𝙨𝙖𝙨 𝙜𝙧𝙖𝙣𝙙𝙚𝙨?
Me quedé un momento en silencio. No porque no supiera la respuesta, sino porque me di cuenta de que llevábamos años hablando de compliance en un idioma que excluía exactamente a las empresas que más lo necesitan. El compliance nació en la empresa grande, se escribió en lenguaje de empresa grande, lo vendieron consultoras de empresa grande.
Y mientras tanto, miles de PYMEs seguían compitiendo sin las herramientas que les permitirían hacerlo en igualdad de condiciones. Hasta que Mercado Público cambió las reglas. Ahora el puntaje importa; ahora tener un Programa de Integridad y Cumplimiento no es solo hacer lo correcto es también una ventaja competitiva real, medible, que aparece en la evaluación.
Y la mayoría de las PYMEs todavía no lo sabe. Eso me parece una injusticia pequeña pero muy concreta. Por eso estoy contenta de lo que estamos haciendo en Cultura Compliance Chile, simplemente un plan para la empresa chica. No adaptamos uno grande. Construimos uno nuevo, desde la realidad de quien tiene doce trabajadoras, una carpeta de licitaciones y quince años de oficio.
Porque cumplir no debería ser un privilegio de las que ya tienen todo.
Cristina Zuñiga | Consultora en Estrategias Corporativas, Comunicación, Reputación, Compliance
